22 de marzo de 2015

Poder y estupidez

o por qué el Poder no selecciona a los buenos, a los escépticos, etc. 
La incompetencia de los poderosos no se debe a su inteligencia. Vamos a concederles que la tienen. Se debe a su falta estructural de racionalidad. Y no es por casualidad sino porque la carrera del poder está organizada para que quienes suban por las escalerillas lo hagan impulsados por formas de juicio, decisión o acción que bordean sistemáticamente la sociopatía. Quizá tenga su lógica (en ciertos contextos lo más efectivo es comportarte como un loco), pero cuando miramos desde lejos el bosque del poder descubrimos con terror que está lleno de monstruos (o casi).

2 comentarios:

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

El poder es esencialmente nocivo, como lo son también la impunidad, la inmunidad, la ausencia de responsabilidad.

Cualquiera de nosotros (salvo, quizá, alguna excepción) se convertiría en un monstruo si no tuviéramos que dar cuenta de ninguno de nuestros actos, si pudiéramos actuar sin ningún miedo ni ninguna consecuencia asociada a nuestra conducta.

El poderío asociado a la irresponsabilidad genera conductas sociópatas, como ocurre con mucha gente cuando se sube a un coche y se transforma, insultando a diestro y siniestro porque se sabe seguro y piensa que nadie le conoce y puede huir del lugar en su potente coche. Cuando se baja del coche su conducta cambia: ya tiene miedo de las reacciones ajenas.

Hay un miedo sano, casi inconsciente, que hace que nuestros actos no se despeñen por el barranco de la perversión y la crueldad.

El poder absoluto engendra monstruos, y en cierto modo no son ellos del todo culpables, sino ese poder desmedido que se les confirió, como sucede con los niños malcriados.

Calígula fue un monstruo fabricado por la ausencia de límites. Algo así podría decirse de otros monarcas absolutos, o asimilados (como el actual líder hereditario de Corea del Norte).

La ausencia de límites, controles y responsabilidades produce monstruos.

Hugo dijo...

Muy bien explicado, Sandra.

De ahí, en mi opinión, que cuanto menos horizontales sean las organizaciones, "la ausencia de límites, controles y responsabilidades" tienda a aumentar. Podrá haber organizaciones verticales más controladas o menos autoritarias que otras, y las hay (España versus Corea del Norte, ejemplo fácil), pero en el fondo sabemos que a mayor tamaño, complejidad y jerarquía, mayores serán las probabilidades de producir "monstruos", como dice el autor, o de llevar a cabo monstruosidades, para ser más exactos (especulación financiera, agotamiento de los recursos, calentamiento global, extinción de especies, guerras subsidiarias, desigualdad económica, industrialización de los mataderos, superpoblación y cosificación del ser humano, como decía Asimov, y un largo etcétera).

Coincido en eso de que "no son ellos del todo culpables". Como determinista social (aunque no hasta las últimas consecuencias, pues si no inurriría en la "mala fe" que decía Sartre), creo que es más útil y acertado hacer hincapié en las estructuras e instituciones sociales que en una supuesta libertad absoluta de los individuos (en eso discrepo de Sartre). El poder tiende a corromper sin necesidad de que sea absoluto, como decía el famoso dictum de Acton ;)