20 de marzo de 2015

Un futuro probable

o el manotazo del ahogado

Uno de los textos más convincentes que he leído últimamente, lo que me recuerda la importancia de prepararse, sin prisa pero sin pausa:

Que el capitalismo haya alcanzado sus límites en términos económicos, ecológicos, energéticos no significa que vaya a derrumbarse de un día para otro, aunque esto no esté del todo excluido. Más bien se puede prever un largo periodo de declive de la sociedad capitalista, con islotes un poco en todas partes, a menudo amurallados, donde la reproducción capitalista aún funcione, y con amplias regiones de tierra quemada, donde los sujetos postmercantiles deberán buscar la manera de sobrevivir como puedan. El tráfico de drogas y la acumulación de residuos son dos de los rostros más emblemáticos de un mundo que reduce a los propios seres humanos a la condición de “desechos” y cuyo mayor problema ya no es ser explotados, sino el ser simplemente superfluos desde el punto de vista de la economía mercantil, sin tener, sin embargo, la posibilidad de regresar a formas precapitalistas de economía de subsistencia mediante la agricultura y la artesanía. Allá donde el capitalismo y su ciclo de producción y consumo dejen de funcionar, no será posible regresar simplemente a antiguas formas sociales; el riesgo es más bien entrar en nuevas configuraciones que combinen los peores elementos de las otras formaciones sociales. Y no hay duda de que quienes vivan en los sectores de la sociedad que aún funcionen defenderán sus privilegios con uñas y dientes, con armas y técnicas de vigilancia cada vez más sofisticadas. Incluso como animal agonizante, el capitalismo puede todavía causar terribles estragos, no sólo desencadenando guerras y violencias de todo tipo, sino también provocando daños ecológicos irreversibles, con la diseminación de OGM, de nanopartículas, etc. En consecuencia, la mala salud del capitalismo es sólo una “condición necesaria” para el advenimiento de una sociedad liberada, no es en absoluto una “condición suficiente”, en términos filosóficos. El hecho de que la cárcel esté en llamas no nos sirve de nada si la puerta no se abre, o si se abre hacia un precipicio. 
Observamos, por lo tanto, una gran diferencia con el pasado: durante más de un siglo, la tarea de los revolucionarios era encontrar medios para acabar con el monstruo. Si se lograba, el socialismo, la sociedad libre o el nombre que se le quiera dar le sucedería inevitablemente. Actualmente, la tarea de los que en otro momento eran los revolucionarios se presenta de manera invertida: frente a los desastres provocados por las revoluciones permanentes operadas por el capital, se trata de “conservar” algunas adquisiciones esenciales de la humanidad e intentar desarrollarlas hacia una forma superior.
Anselm Jappe, 2011 (vía).