7 de abril de 2015

La tendencia al genocentrismo

o por qué los divulgadores científicos también hacen política

Sobre el supuesto papel de los genes en la violencia de los afroamericanos y un comentario mío en ese mismo blog.

Post scríptum:

Según Nicholas Wade, una mayor predisposición genética a la violencia por parte de los afroamericanos explicaría parcialmente su, en ocasiones, desconfianza y rechazo violento hacia las instituciones económicas modernas. Ahora bien, tanto si la influencia de los genes resultara ser estadísticamente significativa como si no, de ello -una descripción empírica- no se deduciría necesariamente ninguna "alerta social justificada", como dice Santiago, ni tampoco que hubiera que reforzar "las actividades educativas contra la violencia en escuelas públicas de poblaciones mayoritariamente afroamericanas" -una prescripción política-, y ello por una buena razón, o eso creo: ¿y si su violencia, como la de las clases desfavorecidas o la del pueblo gitano, fuera la consecuencia de una causa legítima aunque no deliberada, los últimos estertores de un antiguo rechazo al Sistema al que ya pocos se atreven a cuestionar seriamente, la consecuencia de siglos lidiando con la gran violencia, esa que ahora llamamos estructural? ¿Y si la tesis de Wade, en lugar de estar noblemente motivada por la lucha contra el crimen, estuviese inconscientemente motivada por intereses de clase y de raza, habida cuenta de su conocida afinidad por el sistema capitalista, la democracia liberal, la cultura euroamericana, las poblaciones caucásicas y la idea de progreso? Santiago aconseja que "dejemos la política a los políticos (...) y la ciencia a los científicos", lo cual, aparte de matizable, plantea otro interrogante: ¿y si Wade, que por cierto no es genetista ni filósofo de la ciencia sino periodista, no solo estuviera divulgando buena ciencia sino también y sobre todo mala política? Aun en el caso de que unas poblaciones fuesen genéticamente más propensas a la violencia que otras -dudoso aún, pero si se demostrase, ¿por qué no aceptarlo? ¡A determinista no me gana nadie!-, de ello no se deduciría lógicamente ni que fuera una de las causas más importantes de su comportamiento violento ni que este debiera ser erradicado sin más, como en Un mundo feliz. Del genotipo al fenotipo, como del dicho al hecho, hay un gran trecho, y es tarea del científico y del filósofo no dejarse llevar por monocausalismos.
While warning us to avoid filtering science through politics, he draws heavily from conservative historians who minimize the roles played by political power, geographic advantage, momentum, disease and dumb luck. Conveniently, this leaves more historical questions for genetics to answer. And despite his protests to the contrary, Wade often sounds as if he sees the rise of the West as a sort of stable endpoint of human history and evolution — as if, having considered 5,000 years in which history has successively blessed the Middle East, the Far East and the Ottoman Empire, he observes the West’s current run of glory and thinks the pendulum has stilled. If Wade could point to genes that give races distinctive social behaviors, we might overlook such shortcomings. But he cannot.
David Dobbs, 2014.

Para evitar que nuestras ideas políticas nublen nuestras ideas científicas, y viceversa, lo primero que hay que hacer es reconocer 1) que son dos maneras relacionadas, inevitables e igualmente objetivas de entender la realidad, y 2) que quien lo niegue o lo subestime estará más expuesto si cabe a confundir una parcela con la otra. En otras palabras, cuando un divulgador dice que no está haciendo política, sin duda la está haciendo -todos la hacemos; divulgar ya es interesarse por lo público-, y al negarlo, posiblemente la esté haciendo peor.

Una crítica similar aunque algo más desarrollada puede leerse aquí

2 comentarios:

dr. ramsés dijo...

Los polis blancos que abusan de su posición de poder, ¿tienen también este gen?

Me parece tan grosero que me niego siquiera a visitar y comentar en el blog que da origen a tu entrada para no darle pábulo y no reforzar con mi presencia y mis palabras este tipo de 'groserías lógicas'.

Sí diré que quien a estas alturas opina que es deseable "más ciencia y menos ideología" me temo que está en las antípodas de promover o favorecer cualquier cambio en esta sociedad. Aun queda gente que no se ha enterado que el cientifismo es una de las más peligrosas ideologías del poder, más peligrosa aún por invisible, y que en la ciencia moderna ninguna hipótesis aparece por casualidad.

Hugo dijo...

Pues te agradezco que sí lo hayas hecho aquí ;)

Eres el único que se ha apiadado de mí y ha dejado un comentario :P

Yo creo que Santiago tiene buena intención, aunque ya se sabe lo que se dice del camino al infierno. Hoy en día las ciencias empíricas tienen tanto prestigio, autoridad e incluso consuelo existencial que solamente con decir que algo "es ciencia" nos sentimos mucho más seguros y reconfortados. Yo el primero. Antes se decía "Palabra del Señor", ahora, salvando las distancias, "está demostrado". Y ciertamente, demostrar es algo bueno, pero no tanto si no va acompañado de otro tipo de demostraciones o saberes complementarios, como la lógica, la historia o la ética.

Las ciencias empíricas son valiosas, pero ¡qué fácil es confundir la ciencia como ideal con la ciencia como práctica! Tan fácil como confundir la idea de Absoluto con la Iglesia :o)

Un abrazo y a seguir bien.