26 de abril de 2015

Los cantones y la independencia catalana

Si tu país es demasiado grande para ser eficaz como democracia, entonces dividirlo en partes más pequeñas confederadas entre sí puede ser una buena idea. Los recientes movimientos hacia la celebración de un referéndum sobre la independencia de Cataluña respecto a España son un ejemplo en esa dirección. 
Dmitry Orlov, 2013
The five stages of collapse


Lo que más me interesa de una posible independencia de Cataluña no es obviamente la formación de un nuevo Estado, ni que se desvista un santo (el parlamento español) para vestir a otro (el parlamento catalán), sino la descentralización del poder y por ende una mayor oportunidad para que una nueva rebelión cantonal u otra rebelión similar pueda tener éxito en el futuro. Cuanto menos ejército, tamaño, tecnología, dinero y aliados tenga un Estado, menor tenderá a ser su poder contrarrevolucionario. Los cantones de Alcoy y de Cartagena habrían durado más si desde Madrid no se hubiera mandado al ejército republicano unitario a reprimir, según palabras del presidente Emilio Castelar en 1873, "la criminal insurrección que ha tendido a romper la unidad de la patria, esta maravillosa obra de tantos siglos".

2 comentarios:

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Bueno, aquí sí me parece que discrepamos seriamente.

La historia de Europa fue una sucesión de continuas guerras entre países vecinos. España fue invadida por Francia en 1808, pero antes de eso España quiso invadir Inglaterra ("escuadra invencible"). Francia e Inglaterra estuvieron en guerra durante décadas ("guerra de los cien años")... Nadie vivía en paz y las sociedades estaban temerosas y militarizadas pues en cualquier momento el vecino podía invadirte.

Los últimos episodios, tan trágicos, fueron la guerra francoprusiana de 1870 y las dos guerras mundiales de 1914 y 1939.

Luego de ello, y por primera vez en la historia, el hombre aprendió de la historia. Se tragaron su rencor, sus ansias de venganza... y para poner fin a esas carnicerías surgió (al fin) la CEE, actual Unión Europea.

Yo quiero una Unión Europea que deje de ser sólo europea para ser cada vez más intercontinental. Me gustaría que ingresaran en ella Marruecos y otros países del África mediterránea, y también Turquía. Y a ser posible más Estados, y que todos ellos fuesen progresivamente cediendo competencias y suprimiendo fronteras. Y diluyéndose unitariamente. Todo ello, por supuesto, dentro de un sistema rigurosamente democrático (pues sin ese requisito nadie puede ingresar en la UE).

La supresión de los Estados no será un hecho histórico. Será un hecho biológico.

El hombre dejará de ser un mono tribal y territorial (de esos que marcan con la orina su territorio). Y la Humanidad habrá, por fin, madurado.

Hugo dijo...

Discrepo de que discrepemos, je... No pongo en duda que "la historia de Europa fue una sucesión de continuas guerras entre países vecinos". La tesis que me limito a defender en el post es que cuanto más débil es un Estado, más débil es también su capacidad para evitar levantamientos libertarios como los cantones o las colectividades anarquistas durante la Guerra Civil Española. Es decir, las posibilidades de llevar adelante proyectos políticos autogestionarios y de democracia directa tienden a aumentar, o lo que es lo mismo, proyectos de reorganización de las estructuras políticas de la península, básicamente cambiando la verticalidad por la horizontalidad. Además, estas comunidades libres podrían federarse y formar alianzas con cuantas comunidades quisieran federarse con ellas, ya sean marroquíes, españolas, catalanas, francesas, etc. No se trata de separarse sino más bien al contrario: se trata de unirse mejor ;)

¿Hasta qué punto es posible? Como a pesimista no me gana casi nadie, je... no seré yo el que venda utopías. Me conformo con defender lo que creo que es lo mejor, con independencia de si lo cree más gente o no. Aunque lo ideal sería que lo creyera más gente, claro :o)

Un abrazo, Sandra.