12 de mayo de 2015

Adultos emocionalmente desvalidos

o el niño maltratado que llevamos dentro


Mi conclusión de toda una vida de estudiar la historia de la infancia es que la sociedad se basa en el maltrato de menores. (...) Cada generación comienza de nuevo con bebés puros, deseosos, con fe y dispuestos a amar y crear un mundo nuevo. Y cada generación de padres tortura, maltrata, abandona y domina a sus hijos hasta convertirlos en adultos emocionalmente minusválidos que repiten de manera casi idéntica la violencia y el dominio social (...).
Lloyd deMause.

Cuanto menos amor haya recibido el niño, cuanto más se le haya negado y maltratado con el pretexto de la educación, más dependerá, una vez sea adulto, de sus padres o de figuras sustitutivas, de quienes esperará todo aquello que sus progenitores no le dieron de pequeño. Ésta es la reacción natural del cuerpo. El cuerpo sabe de qué carece, no puede olvidar las privaciones, el agujero está ahí y espera ser llenado. (...) La pedagogía venenosa educa a personas conformistas que sólo pueden confiar en sus máscaras, porque de niños vivieron con el temor constante al castigo. «Te educo por tu propio bien», decía el principio supremo, «y aunque te pegue o te humille de palabra, es solamente por tu bien». (...) Llamo malos tratos a este tipo de «educación» basada en la violencia. Porque en ella no solo se le niega al niño sus derechos de dignidad y respeto por su ser, sino que se le crea, además, una clase de régimen totalitario en el que le es prácticamente imposible percibir las humillaciones, la degradación, y el menosprecio de los que ha sido víctima, y menos aún defenderse de éstos. El adulto reproducirá después este modelo de educación con su pareja y sus propios hijos, en el trabajo y en la política, en todos los lugares donde, situado en una posición de fuerza, pueda disipar su miedo de niño desconcertado. Surgen así los dictadores y los déspotas, que nunca fueron respetados de pequeños y que más adelante intentarán ganarse el respeto por la fuerza con ayuda de su gigantesco poder. Precisamente en la política puede observarse cómo la sed de poder y reconocimiento no cesa nunca, y nunca se sacia.  
Alice Miller, 2005
El cuerpo nunca miente

3 comentarios:

Loam dijo...

Emocionalmente desvalidos, diría yo para utilizar un término menos clínico, más humano. Pues toda carencia afectiva es una vulnerabilidad del SER.

Salud!

Hugo dijo...

Corregido. Cuando tienes razón, tienes razón :P

Y además queda más eufónico.

Un abrazo.

Loam dijo...

Fuerte abrazo, Hugo.