31 de mayo de 2015

Miguel de Unamuno, otro filósofo de la dominación

Tanto como Ortega y Gasset... o más.

Sucede que a medida que se cree menos en el alma, es decir, en su inmortalidad consciente, personal y concreta, se exagerará más el valor de la pobre vida pasajera. De aquí arrancan todas las afeminadas sensiblerías contra la guerra. Sí, uno no debe querer morir, pero de la otra muerte.
Miguel de Unamuno, 1913
Del sentimiento trágico de la vida.

"Así es la vida. Engañar, engañar al pueblo para que el miserable tenga la fuerza y el gusto por vivir. Si supiera la verdad, ya no podría, ya no querría vivir. El pueblo tiene necesidad de mitos, de ilusiones; el pueblo tiene necesidad de ser engañado. Esto es lo que sostiene en la vida. Justamente acabo de escribir un libro sobre este asunto. Es el último." Esta sobreexcitado, sus venas se llenan de sangre, sus mejillas se tiñen de púrpura, su busto se endereza. Se diría que rejuvenece. De un salto se aproxima a la biblioteca, coge un libro, escribe apresuradamente algo en la guarda y me lo tiende: "Tome. Léalo y verá. Mi héroe (se trata del mártir San Manuel Bueno) ha dejado de creer. No obstante, continúa luchando para comunicar al pueblo la fe que él no tiene, ya que sabe que sin la fe, sin la esperanza, el pueblo no tiene fuerzas para vivir."

8 comentarios:

Loam dijo...

Pobre Unamuno y cuantos aún piensan como él. Compadezco a las personas que por un motivo u otro se han privado de experimentar "las afeminadas sensiblerías": han vivido con su ser tuerto y gravemente amputado. Pobre de quien se sitúa sobre un pedestal: las estatuas no pueden ver las flores.

Salud!

Hugo dijo...

Bonitas y acertadas palabras, Loam.

En aquel famoso incidente en la Universidad de Salamanca, Unamuno llegó a decir: "Este es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Vosotros estáis profanando su sagrado recinto". Je, je... qué tío. ¡Viva la inteligencia, sí, y precisamente por eso que muera la universidad tal como la conocemos hoy! :P

Loam dijo...

Detesto el mamotreto "eterno", la ampulosa solemnidad, la recargada pompa y el pesado manto con el que se suelen investir ciertas instituciones. Por el contrario, admiro la fecunda sencillez de la semilla, que humilde y desnuda, con lo estrictamente necesario, se planta discretamente en cualquier lugar y voilà!... un árbol!

:)

Hugo dijo...

Confirmado, hoy estás sembrado :P

Un abrazo!

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Pues ya que vamos de citas, aquí os dejo esto (de Saiz de Marco):

TRAVESÍA

En el fondo de sus pensamientos, todos intuían que no había tierra prometida. Que la tierra prometida (ese ansiado vergel al final del camino) no existía. Pero nadie se atrevía a cuestionarla, ni a cuestionársela. Repelían al instante todo asomo de duda. Ni siquiera se permitían contemplar esa hipótesis. Todo lo demás podía discutirse, ponerse en cuestión, objetarse, incluso descreerse; pero la tierra prometida no. Cuestionarla era un delito. Cuestionársela, un pecado. Nada tan vital como no dudar de ella. Porque sin tierra prometida ¿cómo sacar fuerzas para atravesar, para afrontar día a día y noche a noche, el desierto?

Hugo dijo...

Como anillo al dedo ;)

Un abrazo.

Loam dijo...

Sí, claro... El problema es que dicha promesa, la de "la tierra prometida", es astutamente utilizada por los "sumos sacerdotes" precisamente para mantener al incauto creyente en perpetua travesía del desierto (y, de paso, administrar el maná en provecho propio).



Hugo dijo...

Es por eso que hay que tener cuidado con el discurso utópico. No es lo mismo la utopía benjaminiana que la utopía comunista, por ejemplo. Una cosa es tener ilusión en algo y otra ser unos ilusos ;)

Saludos!