1 de junio de 2015

A propósito de la pitada al himno nacional

o contra el nacionalismo español

Valgan estas citas, y un razonamiento personal, para hacer reflexionar a los ofendidos:

El orgullo español, y luego lees lo que los españoles hicieron en América del Sur. De qué pasado puede estar nadie orgulloso.
Elias Canetti, 2000. 

[El nacionalismo español es] un nacionalismo oficialmente inexistente, pero (…) es el nacionalismo más virulento y manipulador que existe en estos momentos (…). La manipulación más evidente que se asocia con este nacionalismo es la de que no existe o de que, como mucho, aparece en ciertos grupos marginales de la política actual.

Lo que entendemos por ‘España’ y por ‘Sociedad’ debe mucho a lo que de común alberga cada una de esas etiquetas y, tras años de lectura de prensa y audición de noticiarios, se ha ido sedimentando en nosotros. ¿Qué es ‘España’ (o ‘Catalunya’ o ‘Extremadura’)? Aquí la inducción es sencilla: ‘España’ (o ‘Andalucía’ o ‘Euskadi’) son sus políticos. Sus dimes y diretes, sus resoluciones e irresoluciones, sus parientes, sus ocurrencias y sus más mínimos achaques. (...) Tan sólo alguna jerarquía militar o dignidad eclesiástica comparte en ocasiones las páginas a ellos reservadas, las páginas de ‘España’, donde se escribe la Historia. Un número bien limitado de nombres propios y de peripecias personales viene así a coincidir, paradójicamente, con la cosa pública. Ese restringido repertorio de nombres y peripecias es ‘España’ (o ‘Andalucía’ o...).


Aunque personalmente no lo haría, pitar a la monarquía y al nacionalismo español es de las reacciones más naturales e inofensivas que se pueden dar en una situación de clara desigualdad, verticalidad, centralización y subordinación políticas, habida cuenta de que a) es el castellano y no el catalán o el euskera el idioma históricamente privilegiado e impuesto en todo el Estado español (con el beneplácito de vascos tan célebres como el franquista Miguel de Unamuno), b) que es Madrid y no Barcelona o Bilbao la ciudad que domina en última instancia al resto de ciudades y comunidades de la península. De modo que no, no es lo mismo pitar al himno catalán, como he leído decir por ahí, pues siempre habrá más razones lógicas, políticas e históricas para pitar al himno español y a la manipulación institucional que le acompaña que a cualquier otro himno peninsular. Si los nacionalistas españoles no pitan himnos ajenos no es porque sean más tolerantes y respetuosos, es porque ya no les hace falta para asegurar sus privilegios frente a las minorías nacionales. Todos los nacionalismos son malos, sí, pero unos lo son más que otros.

4 comentarios:

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Hasta que no desaparezcan todos los himnos, escudos y banderas (Y CUANDO DIGO TODOS QUIERO DECIR TODOS), la Humanidad no habrá llegado a la adultez y a la madurez.

Trapos tan lamentables son la bandera española como la senyera catalana o la ikurriña vasca. No hagamos distinción pues todos son perniciosos.

Mientras no desaparezcan todos los trapos en cuestión (y lo que simbolizan, esto es, todos los Estados y fronteras del mundo), los humanos seremos niños malcriados que se pelean por un juguete, o algo parecido a esos animales que marcan su territorio con la orina.

Hugo dijo...

Lo entiendo, pero si no hacemos distinción entre nacionalismos, no podremos explicar correctamente por qué ocurren cosas como la de la final de la Copa del Rey. Si no alcanzamos a ver el componente de crítica política y no solo identitaria que hay detrás de todo ello, estaremos en peor disposición para superar ambos nacionalismos. No es el mismo tipo de rivalidad la que existe entre el nacionalismo español y el nacionalismo francés que la que existe entre el nacionalismo español y el nacionalismo vasco. Las relaciones de poder son distintas, y por ende distinto ha de ser nuestro análisis. El nacionalismo español manda que se enseñe castellano en Cataluña, mientras que el nacionalismo catalán no manda que se enseñe catalán en Castilla. ¿Por qué esa diferencia si se supone que los dos nacionalismos son exactamente igual de perniciosos? La respuesta es sencilla: el nacionalismo que tiene más poder es el que pasa más desapercibido, el que menos molesta. Hablamos su idioma, tenemos sus costumbres, gozamos de sus privilegios. Y aunque todos los nacionalismos son malos, no es justo ni acertado ignorar las diferencias, los motivos, los matices, las estructuras, la historia, etc. ¿Está mal fardar de señera? Yo también lo creo, pero ¿no es peor, siquiera un poco, imponerles un himno, una bandera, un rey, un presidente y una lengua a los demás, independientemente de dónde vivan y cuál sea su historia popular? Eso es lo que hace el nacionalismo español bajo el disfraz de la unidad y la universalidad.

O algo así :P

Un abrazo.

martincx dijo...

Vi algo en los medios y me quedo con lo que expresa este artículo. En particular, yo no llego a comprender cómo en pleno siglo XXI puede sobrevivir la monarquía, luego recuerdo que son los precursores de la mal llamada política y gracias a favores y prebendas siguen allí como (costosas) figuras decorativas.
Quizás sea una análisis muy escueto, pero en fin...

Saludos.

Hugo dijo...

Escueto tal vez, pero razonado y acertado. Para análisis pormenorizados ya tenemos los posts, o mejor áun, los libros ;)

Un saludo, Martín. Gracias por comentar.