8 de junio de 2015

Conservadora

Dícese de la persona que conserva una determinada institución más por miedo o por inercia que por valentía o buenas razones. 

Una institución se define comúnmente como un complejo distintivo de actos sociales. Así, podemos hablar de la ley, de la clase, del matrimonio o de la religión organizada como instituciones establecidas (…) Las instituciones proporcionan maneras de actuar por medio de las cuales es modelada y obligada a marchar la conducta humana, en canales que la sociedad considera los más convenientes. Y este truco se lleva a cabo haciendo que estos canales le parezcan al individuo los únicos posibles.
Peter L. Berger, 1963.

7 comentarios:

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Todo pasado se niega a irse, pues se reviste de una pátina de venerabilidad. "Así lo hicieron nuestros abuelos, nuestros padres...". Pero es necesario sobreponerse. Nuestros antepasados hicieron cosas valiosas, pero también cosas deleznables, como la esclavitud o los exterminios americano y africano. Las tradiciones deben pasar un filtro, criba o examen de respetabilidad: ¿nos respetan a nosotros? En tal caso (o sea, sólo si las tradiciones nos respetan a nosotros), quizá también debiéramos respetarlas a ellas.

Hugo dijo...

Bien dicho.

Es el miedo, casi siempre, lo que convierte una determinada acción social en algo incuestionable y prácticamente eterno. ¿Por qué votamos, por ejemplo? Porque tenemos miedo a hacer las cosas de otra manera. Miedo al desorden, ¡cuando, paradójicamente, es la acracia el "sistema" más ordenado y conscientemente organizado que existe! ¿Por qué vamos a la escuela, antesala de la fábrica? Porque tenemos miedo a desobedecer a nuestros padres y profesores. ¿Por qué trabajamos para otros sirviendo copas? Porque tenemos miedo de acabar en la calle y perder a nuestra familia, etcétera, etcétera. ¡No todos nos atrevemos a ser Diógenes! En fin, el miedo como locomotora de la historia.

Un abrazo, Sandra.

PD. Vivan las tradiciones respetables. Abajo con las demás :o)

Loam dijo...

Lo que desde el punto de vista socio-político se entiende por conservadurismo, se refiere a aquellas personas y partidos que, paradójicamente, utilizan el denominado "progreso" para sostener y perpetuar ancestrales formas de poder y orden social. Ahondando en esa paradoja, vemos como el más ortodoxo conservadurismo se alía con los sectores más "modernos", voraces y dañinos (bancos, empresas, corporaciones...), mientras que en el campo social promueven instituciones francamente retrógradas. Este conservadurismo oportunista contrasta con ese otro, más auténtico o menos contradictorio, propio del anarquismo. Porque precisamente, revés de la paradoja, el anarquismo encarna el más conservador de cuantos proyectos sociales se hayan concebido hasta la fecha: Conservar (respetar) la vida, la libertad, la Tierra, la igualdad, la fraternidad, la solidaridad... todo aquello que propicia un orden contrario a la muerte, a la violencia, al dolor gratuito, a la explotación salvaje del hombre por el hombre y de la Tierra.

Hugo dijo...

Chapeau! ;)

No hay mayor conservador (en sentido negativo) que el que quiere "progresar" a costa de los demás e incluso de sí mismo. No hay mayor conservador (en sentido positivo) que el que se atreve a conservar aquello que casi nadie se atreve a conservar ya (la desobediencia alegre, el apoyo mutuo, la reflexión, el amor por la verdad, la comunicación emocional, la espontaneidad de los niños, el contacto con la tierra, la ociosidad, etc.).

Un abrazo y hasta la próxima, Loam.

Hugo dijo...

Voy con las riendas tensas
y refrenando el vuelo
porque no es lo que importa llegar solo ni pronto,
sino llegar con todos y a tiempo.

León Felipe.

Loam dijo...

Has dado en la diana. ;)

Un abrazo

Hugo dijo...

Aprendí del mejor :P