14 de junio de 2015

El Nietzsche político

Lo que no nos dicen ni en el Bachillerato ni en la Universidad:

Nietzsche fue siempre un reaccionario, desde joven, gran admirador de Napoleón III y Bismarck, opuesto a la campaña abolicionista en la guerra de Secesión entre el Sur y el Norte en EEUU, fanático prusiano, wagneriano militante (ya hay que sopesar lo que significaba en esa época ser mano derecha de Richard Wagner), abanderado de la aristocracia natural y la figura del Genio, enemigo a muerte de la democracia y el sufragio universal, contrario a la liberación de la mujer, exaltador de la guerra como medio de purificación y cura de las razas, defensor del estado militar (pedía un golpe militar contra Alemania por el exagerado peso de los socialistas) y la institución de la esclavitud, odiaba todo lo que representaba la Gran Revolución Francesa, a Rousseau y Hegel, anti socialista y anticomunista (basta ver las "marcas" de las revoluciones de 1848 o de la Commune de 1871 en sus textos, fragmentos y cartas), etc. Más que conservadoras, diríamos que sus posiciones son "reaccionarias". Tenemos además su admiración por pre fascistas como Paul de Lagarde o Gobineau (en quien admiraba hombre y obra). Pero aquí ocurre un síntoma: el gremio de filósofos estatales se niega a leer literalmente a Nietzsche, ni reconocer que sus tesis anuncian al fascismo y al nacionalismo. Se niegan a leer a Nietzsche tal como Nietzsche hubiera deseado. Llamar a la filosofía política de Nietzsche un aristokratischen Radikalismus, "radicalismo aristocrático" (término que el propio Nietzsche aceptaba de su primer biógrafo y divulgador Georg Brandes), es hoy un grito en el desierto, un escándalo, ir contra corriente, enfrentarse al poder de la filosofía como institución, no seguir la moda marcada en París, verse aislado (de colegas y recursos), en algunos casos no poder investigar o publicar. Mientras, los grandes historiadores sociales o de las ideas (pienso en Eric Hobsbawm, Norbert Elias, Arno Mayer, Zeev Sternhell o Ernst Nolte) no tienen ningún inconveniente ni tabú en "situar" a Nietzsche en la gran corriente reaccionaria que desembocará en el fascismo europeo. (...) Nietzsche es un filósofo totus politicus e incomprensible sin este marco referencial. Muchas malas lecturas se basan en expurgar, exorcizar a Nietzsche de toda la espuria del mundo histórico o minimizar sus implicancias en la política concreta. Desde su juventud tuvo curiosidad e interés por la política y la historia: devoraba los diarios por la mañana y estaba al tanto de todos los acontecimientos políticos y sociales de la época. Su primera obra juvenil fue un texto de filosofía política, sobre Napoleón III (realmente un "Anti-18 Brumario") y lo último que escribió antes de caer en la locura era una solución al problema monárquico en la Alemania Guillermina. La herradura ideológica de Nietzsche empieza por la política y concluye con ella. (...) No lo digo yo, investigadores nietzscheanos honestos reconocen que el ideal político de Nietzsche al final de sus días, en 1888, era la forma-estado dórica, la institución de la esclavitud y la sociedad basada en el sistema de castas. Lo que asegura una eticidad en los ciudadanos es para Nietzsche en todas sus etapas intelectuales la coerción brutal, la competencia ciega de instintos y la segregación orgánica entre una minoría y el resto de los habitantes, único cemento de la sociedad que permite florecer el genio y la cultura trágica y generar una nueva aristocracia, los Señores de la Tierra.

2 comentarios:

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

El problema es siempre el mismo. Si quieres destruir algo, debes tener preparada otra cosa mejor para sustituirlo.

Nietzsche arremetió (con mucha razón) contra la moral cristiana y puritana de su época, que había impregnado también la ética civil predominante y transmitida en escuelas y familias. Pero el problema es que no tenía preparado un "corpus ético" alternativo: una ética civil de los hombres libres, de los humanos desatados de rémoras asfixiantes y antinaturales.

Sin una ética civil alternativa a la moral religiosa, parecería imponerse la ley del más fuerte, del más sano, del más dotado. Pero el más fuerte puede ser también el más cruel, el más desaprensivo, el más tiránico.

No me gusta Nietzsche como pensador o filósofo, y de hecho creo que no es en eso en lo que destaca, por lo que no debería figurar en los manuales de filosofía. Sólo me parece valorable por su arrebatador lenguaje, por su escritura llena de fuerza pasional. O sea, sólo disfruto del Nietzsche poeta.

Hugo dijo...

Gran comentario. Estoy muy de acuerdo contigo ;)

Quizá no lo sacaría de los manuales de filosofía (la filosofía moral y política de Nietzsche llega a ser bastante explícita en muchas ocasiones), sino que, en todo caso, sacaría los propios manuales de filosofía de la Filosofía con mayúsculas, je... Soy un tanto reacio a esos compendios, casi siempre bastante arbitrarios y sesgados, que lo único que hacen (aparte de su lado positivo) es institucionalizar el conocimiento y casi idolatrar a algunas de sus grandes figuras intelectuales (poca crítica y mucha veneración velada es lo que veo normalmente). Y claro, una vez perpetrado ese "crimen", uno ya no puede criticar tranquilamente a Platón o a Nietzsche sin que piensen de él que es un necio, un desagradecido o un arribista, je... Sin duda dijeron cosas muy interesantes (especialmente el primero, a mi juicio), pero se aprecia todavía algo de tabú y respeto a los mayores (no ganado en muchos casos) cuando se hacen interpretaciones alternativas a la ortodoxia. A mí Nietzsche no me ha demostrado ser buena persona, ni en sus actos ni en sus ideas ni en sus formas, y eso yo lo valoro mucho (él odiaba a las personas buenas o moralistas, y con razón, porque detrás de ellas se escondían no pocos hipócritas y mandones que tanto daño le habían hecho, pero su odio lo llevó al otro extremo, a la sociopatía y finalmente a la locura), de ahí que, lejos de querer condenar sus libros, lo que me interesa es todo lo contrario: que se lean más y mejor para aprender de sus errores. Pero claro, eso de "mejor" es un tanto subjetivo :P

En resumen, y desde mi manera de ver el mundo, me gustaría que se hablara más del componente autoritario que hay presente en la mayoría de los filósofos políticos occidentales, y de ahí este post. Debido quizá a mi pesimismo filosófico soy de la opinión de que todo el mundo es culpable hasta que se demuestre lo contrario (yo el primero). Y "todo el mundo" incluye también, y sobre todo, a los más venerados (filósofos, políticos, etc.)

Un abrazo, Sandra.