6 de julio de 2015

La paja en el ojo ajeno

o cómo combatir un supuesto odio con más odio


La autora [Simone de Beauvoir] se odia a sí misma en tanto que mujer y al varón con el impreciso e inexacto argumento de que la fémina “ha sido, si no la esclava del hombre, al menos su vasalla (sic)”, de manera que en ella todo es biliosa animadversión, omnipresencia del odio y envidia enfermiza de lo masculino. (...) Un interesante estudio crítico del patológico rechazo fóbico de aquella autora al cuerpo femenino puede encontrarse en J.B. Elshtain, quien recuerda que su compañero intelectual, el pseudo-filósofo J.P. Sartre, haciendo gala de una misoginia aún más repulsiva que la de la autora examinada, lo denomina “infortunada anatomía”: tales son los averiados fundamentos doctrinales del Estado feminista, que tiene en De Beauvoir su santa patrona.
O por qué nunca he encontrado el amor prometido en las palabras de quien tan insistente y ardorosamente afirma perseguir "la convivencia y el amor", sino más bien lo contrario: un calificativismo o uso violento y excesivo de calificativos en detrimento de un análisis más equilibrado y más humano o empático. Mi hipótesis: a diferencia de la Ética o estudio del comportamiento moral, el moralismo -como manera de entender y de enfrentarse al mundo, ya sea en su versión estoica, cristiana, comunista, etc.- es peligroso en tanto que tiende a ocultar nuestros propios odios, miedos, defectos y sufrimientos remontables hasta la infancia bajo un discurso público, ya en la madurez, lleno de buenas intenciones, nobles ideales y exigencia a los demás (esto último en forma de sutiles llamadas a la "autoexigencia"). No son pocos mis desencuentros y desencantos con la obra y la vida de Nietzsche, pero todo hay que decirlo: en su rechazo a la hipocresía cristiana (de la que, quien más, quien menos, nadie se libra) tenía más razón que un santo :P