22 de julio de 2015

Viejo libre


Amaba tanto la libertad de sus congéneres
que nunca se sintió cómodo teorizando sobre ella.
¿Y si hablar de ella ya fuese un atentado contra ella?
-No, de ninguna manera-, se decía a sí mismo
acostado en lo que pronto sería su lecho de muerte,
como queriendo justificar toda una vida de activismo.
-¡Antes dogmático que cínico!-
Y sin embargo, siempre se sintió un poco culpable, contradicho.
Culpable de no saber dónde se encuentra el límite
entre lo que se ha de gritar y lo que se ha de callar,
entre su libertad de pensar y la de los demás.

2 comentarios:

Loam dijo...

"Al contrario de lo que suelen preceptuar los diccionarios, incoherencia y contradicción no son sinónimos. Es en el interior de su propia coherencia donde una persona o un personaje se van contradiciendo, mientras que la incoherencia, por ser, más que la contradicción, una constante del comportamiento, repele de sí a la contradicción, la elimina, no se entiende viviendo con ella. Desde este punto de vista, aunque arriesgándonos a caer en las telas paralizadoras de la paradoja, no debería ser excluida la hipótesis de que la contradicción sea, al final, y precisamente, uno de los más coherentes contrarios de la incoherencia.”
José Saramago

De modo que, puede el "viejo libre" morir tranquilo, al menos en lo concerniente a su contradictoria coherencia.

Salud

Hugo dijo...

Un placer veros a Saramago y a ti por aquí ;)

Un abrazo.