13 de agosto de 2015

Darwin era darwinista social

o la adoración de la Competición por encima de la ciencia y de la ética 



Los hombres civilizados nos esforzamos en detener la marcha de la eliminación; construimos asilos para los idiotas y los enfermos, legislamos sobre la mendicidad, y nuestros médicos apelan a toda su ciencia para conservar el mayor tiempo posible la vida de cada individuo. Hay muchísimas razones para creer que la vacuna ha salvado la vida a millares de personas que, a causa de la debilidad de su constitución, hubieran sucumbido a los ataques variolosos. Aprovechando tales medios, los miembros débiles de las sociedades civilizadas propagan su especie. Cuantos se han ocupado en la reproducción de los animales domésticos pueden calcular lo perjudicial que debe ser esto último para la raza humana. Sorprende el ver de qué modo la falta de cuidados, o tan sólo los cuidados mal dirigidos, pueden ocasionar una rápida degeneración en una raza doméstica; y, exceptuando los casos relativos al hombre mismo, nadie es tan ignorante que permita que se reproduzcan sus animales más defectuosos. (…) Debemos admitir, sin protestar, los malos efectos, a todas luces, que resultan de la supervivencia y de la propagación de los individuos enfermizos, toda vez que los atenúa la circunstancia de que los miembros demasiado débiles e inferiores de la sociedad se casan menos fácilmente que los sanos. Este freno podría llegar a tener una eficacia real, si los débiles de cuerpo y espíritu se abstuviesen de contraer matrimonio, cosa más de desear que de esperar.
Charles Darwin, 1871
El origen del hombre


Me gustaría mucho tener la ocasión de discutir con usted (...) la idea en la que insisten todos nuestros sindicatos, de que todos los trabajadores, los buenos y los malos, los fuertes y los débiles, deben trabajar el mismo número de horas y recibir las mismas pagas. Los sindicatos también se oponen al trabajo a destajo (en suma, a toda competición). Me temo que las sociedades cooperativas, que muchos ven como la principal esperanza para el futuro, igualmente excluyen la competición. Esto me parece un gran peligro para el futuro progreso de la humanidad. No obstante, bajo cualquier sistema, los trabajadores moderados y frugales tendrán una ventaja y dejarán más descendientes que los borrachos y atolondrados.
Carta a Heinrich Fick (vía)



O cómo la (en parte) mala ciencia de Darwin se retroalimentaba con su (en parte) mala política. Del mismo modo que un prejuicio de clase puede conducir a una mala descripción, una descripción incompleta puede crear o reforzar un prejuicio de clase. Es decir, del hecho moral de que alguien crea que las sociedades humanas deben ser gobernadas por los "fuertes" a través de una minoría más o menos electa no se deduce que esa sea la única o la mejor manera en que funciona la evolución. Y a la inversa. Del hecho observable de que en determinadas culturas la mayoría de los individuos no poseen los medios de producción y dedican más de ocho horas diarias a una sola actividad productiva no se deduce que esa deba ser la mejor manera de organizar una sociedad.

Que las sociedades cooperativas son "un gran peligro para el futuro progreso de la humanidad", toda vez que podrían causar la "rápida degeneración" de nuestra especie al permitir que se reproduzcan los miembros "inferiores" y los trabajadores menos productivos, es un juicio de hecho que ni Darwin ni la ciencia han demostrado (estaríamos más bien ante un caso exagerado de clasismo y genocentrismo). De hecho, la verdad parece ir en la otra dirección: cada vez hay más evidencias de que las sociedades competitivas y complejas (o civilizaciones) tienden con mayor probabilidad al colapso ecológico y a su posterior desaparición (cuanto mayor es la subida, mayor es el impacto), y de que el 99,9% de nuestro pasado como especie se debe precisamente a la existencia de bandas o pequeñas sociedades cooperativas (al menos de puertas para adentro y en algunos casos también de puertas para afuera) cuyo éxito evolutivo habla por sí solo. Tanto es así que cientos de miles de años después siguen estando ahí para contarlo. En cualquier caso, aunque los científicos demostraran fácticamente el capitalismo biológico de Darwin, aún tendrían que enfrentarse a la difícil tarea de demostrarlo normativamente, es decir, todavía tendría que demostrarse con ejemplos y buenas razones por qué vale más la pena la vida y el futuro de toda una especie en abstracto (la "raza humana") que la vida y el presente de "los débiles de cuerpo y espíritu", los "defectuosos", los "individuos enfermizos", un supuesto y selecto grupo en el que podríamos estar incluidos cualquiera de nosotros en un momento dado, según el criterio moral y por tanto no empírico que utilicemos (¿también quienes se deprimen, o quienes son expulsados por un sistema social altamente entrópico, esas... "deyecciones del cuerpo social", como las llama Michel Onfray?). Dos obstáculos teóricos insalvables, en mi opinión.

¿Y si nuestra preocupación por "detener la marcha de la eliminación" de todos los miembros de la sociedad pero especialmente la de aquellos con una mayor dependencia temporal (niños, ancianos, enfermos, etc.) fuera precisamente la estrategia que han seguido todas las culturas humanas y la que tantos frutos (envenenados en algunos casos) nos ha dado, desde la invención gradual del habla hasta la evolución de la propia ciencia? ¿Quién puede afirmar que la solidaridad no sea más ventajosa en términos de adaptación a un medio siempre cambiante que el egoísmo y la lucha por la supervivencia individual? Por ejemplo, quizá ahora tengamos menos fuerza muscular que la que tenían nuestros antepasados del género Homo, y sin embargo no por ello nos consideramos unos degenerados. La persona "débil" de ayer puede ser la persona "fuerte" de mañana. 

Los conceptos de debilidad = malo y fortaleza = bueno no son meramente empíricos, sino también éticos y simbólicos. Es decir, debatibles. Una hormiga puede ser débil a corto plazo cuando un zapato se cierne sobre su horizonte, pero a largo plazo puede ser un animal muy resistente. Tampoco del hecho de que una persona cruel sobreviva matando a una persona compasiva, o que una población guerrera sobreviva a una población pacífica, o que una sociedad industrial sobreviva a una sociedad preindustrial, o que una gran distribuidora de alimentos sobreviva a una pequeña tienda de ultramarinos, se deduce lógicamente que las últimas sean débiles y que las primeras sean fuertes por el mero hecho de que estas dejen más descendencia y beneficios a corto plazo (medido en décadas o siglos). Bien podría ocurrir que una cultura considerase que el fuerte no es el que deja más descendencia, el que se resfría menos o el que acumula más riquezas materiales sino el que trata a los demás como fines y no solo ni en primer lugar como medios, aunque dicha cultura tuviera los días contados a corto plazo. Es razonable e incluso deseable vivir muchos años, pero en ningún sitio está escrito que sobrevivir sea bueno sin importar el coste. De hecho, lo contrario podría ser más cierto. Los individuos y las sociedades con más escrúpulos podrían tener a largo plazo (medido en milenios o eras) una ventaja adaptativa sobre los individuos y las sociedades con menos escrúpulos. ¿Y si la cooperación y la anarquía no fuesen un freno evolutivo o una estrategia poco adaptativa, como creía probablemente Darwin, sino quizá una estrategia aún más adaptativa a largo plazo que la competición y la jerarquía? En otras palabras, ¿y si además de buena ética estuviésemos haciendo buena ciencia?

¡O no! Admito que mis conocimientos en ambos campos son bastante limitados. Toda ayuda será bien recibida ;)