18 de agosto de 2015

Dichosos los que tienen fe en algo


La virtud solo da la felicidad y una cierta forma de salvación a quienes tienen fe en su virtud, no a esas almas más sutiles cuya virtud consiste en desconfiar profundamente de sí mismas y de todas las virtudes. Obsérvese que también aquí quien salva es la fe ¡y no la virtud!

Estoy desprovisto de fe y no puedo, pues, ser dichoso, ya que un hombre dichoso nunca llegará a temer que su vida sea un errar sin sentido hacia una muerte cierta. No me ha sido dado en herencia ni un dios ni un punto firme en la tierra desde el cual poder llamar la atención de Dios; ni he heredado tampoco el furor disimulado del escéptico, ni las astucias del racionalista, ni el ardiente candor del ateo. Por eso no me atrevo a tirar la piedra ni a quien cree en cosas que yo dudo, ni a quien idolatra la duda como si ésta no estuviera rodeada de tinieblas. Esta piedra me alcanzaría a mí mismo ya que de una cosa estoy convencido: la necesidad de consuelo que tiene el ser humano es insaciable.
Stig Dagerman, 1952.

Demasiado joven para saber esperar; demasiado absoluto en sus sentimientos y pensamientos, Stig fue de los que no pudiendo creer en Todo, no pudieron creer en Nada.
Federica Montseny, 1954.