30 de agosto de 2015

La violencia como último refugio

El primer paso y el más esencial en la transformación de cualquier sociedad es la deslegitimación del orden existente, lo cual no implica violencia. De hecho, la violencia en la primera fase del proceso es catastróficamente contraproducente. La lucha para deslegitimar el orden existente debe librarse en campos de batalla culturales, intelectuales e ideológicos, no físicos, y sus objetivos no son las personas o las instituciones sino el aura de legitimidad e inevitabilidad que envuelve a cualquier orden político y económico establecido. (...) ¿Qué les ocurre (...) a los grupos que no han trabajado lo suficiente ese primer paso y aun así recurren a la violencia? De nuevo, la historia tiene mucho que decir sobre eso, y la forma abreviada de decirlo es que dichos grupos pierden. Sin la previa deslegitimación del orden social existente y la creación de redes de apoyo entre grupos de presión y centros de poder potenciales, el recurso a la violencia política es garantía de fracaso. Por alguna razón, durante la mayor parte del último siglo la izquierda o no ha sido capaz o no ha querido aprender esa lección.

3 comentarios:

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Esta reflexión da en la diana.

Durante siglos, al menos desde el XIX para acá (que es en realidad todo el tiempo de existencia de la Izquierda en sentido político), las fuerzas adscritas a esa posición (esquemáticamente hablando) se han centrado en deslegitimar y destruir el orden político y social vigente, al que (también esquemáticamente) viene a denominarse Derecha, criticando y tratando de desmontar (a veces mediante la violencia o acción directa) sus basamentos.

Pero no se han preocupado apenas de construir una alternativa mejor y más racional, superadora de aquélla, basada en una economía que no desincentive el esfuerzo y en el internacionalismo superador de fronteras.

Estas fuerzas de izquierda no se han atrevido nunca a criticar abiertamente esa carencia del marxismo clásico y contemporáneo, pues la apelación a la Dictadura del Proletariado es claramente un error, incuestionable desde el punto de vista práctico y empírico, ya que la experiencia demuestra que la tal Dictadura no solamente no termina nunca, sino que tiende indefectiblemente a perpetuarse, como se ha visto con el stalinismo soviético, la dictadura cubana de los hermanos Castro o la terrible tiranía de Corea del Norte.

Si ahora examinamos los planteamientos de los Iglesias, Monederos y Errejones, claramente se aprecia la misma laguna o carencia. Critican a la "casta", pero, debido a la insolvencia intelectual de aquéllos (obsérvese su incapacidad para criticar abiertamente las acciones de Nicolás Maduro en Venezuela), sus planteamientos terminan ahí, sin exponer ni articular en detalle una alternativa creíble y atractiva que permita confiar en ellos para erigir un orden político-social diferente.

Éste último es claramente el gran reto intelectual de la izquierda, totalmente pendiente de reflexión y elaboración.

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

"que la tal Dictadura no solamente no termina nunca, sino que tiende indefectiblemente a perpetuarse"... y a corromperse (quise decir). Destaco que la izquierda tampoco ha elaborado, ni siquiera esbozado, una praxis o metodología para prevenir y evitar la corrupción en el sistema que pretende erigir. En la práctica la corrupción en los lugares donde ha gobernado la izquierda (si es que puede darse ese nombre a alguno de los regímenes que hasta ahora se lo han auto-atribuido), no es menor, sino superior si cabe, a la existente en los sistemas capitalistas.

Hugo dijo...

Buen comentario.

Mi explicación de por qué la mayor parte de eso que llamamos izquierda no ha conseguido desmontar los basamentos del Poder (eso que llamamos derecha) es que nunca lo ha pretendido. Al menos el 90% del pensamiento de izquierdas dominante está de acuerdo con la mayoría de las instituciones del Poder (Estado, capital, jerarquía, centralismo, burocracia, alta división del trabajo, etc.), cuando menos a corto y medio plazo. Su estrategia, por lo tanto, consisitiría simplemente en transformarlas desde dentro, en humanizarlas. Tranquilamente (socialdemocracia) o más violentamente (dictadura del proletariado), pero en ambos casos los logros siempre han sido y serán reducidos, pues una escopeta siempre será una escopeta.

La "alternativa mejor y más racional" que algunas personas llevan proponiendo al menos desde el XIX es precisamente crear un sistema autónomo aparte, pero uno que para superar los errores de los anteriores tiene que ser tan diferente a lo conocido que incluso la propia palabra "sistema" no tuviese el mismo significado que tiene hoy en día. La permacultura de los años 70 en adelante o en general el anarquismo ibérico practicado en los 30 creo que encarna bastante bien esa alternativa práctica. Ahora bien, si lo que queremos es que ese nuevo sistema pueda competir de tú a tú con el actual sistema en las condiciones objetivas actuales, entonces haríamos mejor en buscarnos otro, pues para competir mínimamente con el monstruo nos haría falta otro monstruo igual de grande, uno que jugase al mismo juego y con las mismas estructuras centralistas y militaristas (ej. regímenes comunistas), y claro, tampoco queremos eso.

Un placer leerte, Sandra. Nos leemos ;)