16 de agosto de 2015

Lo llaman demagogia

cuando cuestionamos sus privilegios (II)

Mientras en el norte del reino y la meseta los campesinos lucharon con ardor contra un acaparamiento de sus tierras comunitarias que hacía peligrar su propia supervivencia, en Andalucía no sucedió lo mismo, pues los grandes propietarios habían adquirido sus bienes legalmente y no eran considerados como enemigos sino como señores que ofrecían trabajo. En Sevilla, por ejemplo, a partir del siglo XIII el repartimiento representaba vastas propiedades o donadíos mayores que el rey concedió a grandes señores en compensación a la ayuda armada que le habían prestado. Luego, algunos de esos dominios se vendieron a precios muy elevados. 
Bartolomé Bennassar, 1985
Historia de los españoles. 1. Siglos VI-XVII
Editorial Crítica, pág. 291.



Conviene recordarlo: casi el 80% de los campesinos andaluces son braceros sin tierra, y sólo el 2% de los propietarios acaparan cerca del 50% de la tierra andaluza. (...) Quienes nos gobiernan deberían dedicar una jornada (al menos) a leer. A leer a Malefakis, que no duda en creer que la situación del campo andaluz fue uno -o el principal- detonante de nuestra última guerra. A leer la Historia de las agitaciones campesinas andaluzas, de Juan Díaz del Moral. A leer las Luchas obreras y campesinas en la Andalucía del siglo XX, de Manuel Tuñón de Lara. A leer La propiedad de la tierra y las luchas agrarias andaluzas, de Bernal. A leer la Lucha por la tierra, a leer libros que reflejan la historia de un pueblo.




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