11 de septiembre de 2015

Entropía social


La pirámide del sistema capitalista (1911) del Industrial Worker

Las sociedades humanas, como entidades altamente organizadas, pueden ser descritas como un sistema lejos del equilibrio. Notablemente, las sociedades humanas, al menos las sociedades avanzadas tal y como las conocemos en nuestra civilización occidental, se organizan en clases o estamentos. Simplificando un poco podemos representar esos estamentos superpuestos en forma de pirámide, con las clases bajas, más numerosas, en la base, y las más acomodadas y poderosas reduciendo su proporción a medida que ascendemos por la pirámide. Mantenerlas en ese estado requiere una inversión energética, un esfuerzo de la sociedad continuado en el tiempo. En esta analogía, podemos asimilar “poder” al concepto “energía” en termodinámica. El poder se conserva y transforma en distintas formas, y se aplica fundamentalmente a mantener la sociedad lejos del equilibrio. Podemos considerar cada “aplicación” del poder como una transformación termodinámica de energía, la  cual conlleva necesariamente “pérdidas” que se traducen en un aumento de la entropía del sistema. El balance global sumaría entropía equivalente al grado de orden alcanzado. ¿Y qué significa “entropía” en términos sociales? Pues, análogamente al significado termodinámico, significa “pérdida irreversible, intrínseca e inevitable de energía (poder) del sistema”, o sea, pérdida de la capacidad de transformación de la sociedad, que se va en desorden no aprovechable, que aumenta el “caos” del medio en que vivimos. La “entropía social” sería un no-poder, que se acumularía en los niveles más bajos de la pirámide social. Cuanto más alta la pirámide, más ancha su base y por ende más “entropía social” se acumularía en los niveles más bajos de “poder”. No es difícil imaginar en qué consisten esas pérdidas sociales. En su funcionamiento normal, una sociedad como la nuestra excluye legiones de personas de la participación en la riqueza colectiva. Desempleo, exclusión social, pobreza, gente en el más absoluto desamparo. Esta es la base de la pirámide que constituye nuestra organización social. Ojo, no podemos aspirar a otra cosa: para que la pirámide se “eleve” debe generarse una amplia base de excluidos sociales. O dicho de otro modo: los de “arriba” se lo deben todo a los de “abajo”, porque sin éstos, aquéllos no existirían. La sociedad actual se esfuerza no solo en excluir a legiones de personas de la riqueza colectiva, sino en expulsarlos físicamente: alejarlos de los centros de riqueza, aislarlos en guetos, impedir su entrada (inmigración), etc.
Como conclusión, del mismo modo que una consecuencia del desarrollo económico es el aumento de entropía en forma de contaminación, calentamiento global y degradación del medio en general, la entropía social en forma de población excluida de la riqueza colectiva surge como consecuencia inseparable de la organización en estamentos sociales cada vez más separados y distantes. Existen tres maneras de enfrentarse a este hecho: 1) aceptarlo y tratar de paliarlo por medio de políticas redistributivas (socialdemocracia); 2) negarlo porque el mercado se regula solo y corrige estas situaciones (liberalismo); 3) cambiar las reglas y mandar la pirámide a freír espárragos (revolución socialista o anarquista, por ejemplo). Como saben, hoy domina la segunda opción (...). Ustedes eligen.
 Megapraxis, 2011.