16 de octubre de 2015

Malthus tenía razón

y lo sabes ;)

Solo que, al parecer, aún no es lo suficientemente evidente, sobre todo en Occidente, y eso que el elefante hace tiempo que entró en la habitación: en cifras tanto absolutas como relativas el número de personas que sufren de desnutrición ha ido aumentando con respecto a siglos y milenios anteriores. Lo dice John Gray en Perros de paja, libro hacia el que siento un cierto rechazo político a lo Eagleton mezclado con una fuerte simpatía filosófica: "La proporción de la población mundial que padece desnutrición crónica en la actualidad es mayor que la de la primera Edad de Piedra", y no es el primero en decirlo. Antes que él lo dijo Marshall Sahlins, pero «¿hablo yo o pasa un carro?». Ni el corazón ni la razón son rivales para una bonita historia de progreso. Como dice Eagleton en El portero, con el que me pasa algo similar que con Gray (si con este me siento incómodo por su relativismo liberal, con el otro me siento incómodo por su marxismo no lo bastante libertario), "una de las razones por la que [los realistas] escasean tanto se debe a que el realismo es un credo extraordinariamente difícil de llevar a la práctica (…). La base de toda acción moral y política radica en ver la situación como realmente es, algo verdaderamente difícil y agotador. Puesto que normalmente la verdad no es, en términos políticos, excesivamente agradable, ser realista significa llevar una existencia fría, desangelada, siempre ojo avizor y con la escopeta cargada, atenta al menor destello de fantasía o sentimentalismo".

En otras palabras, Thomas Malthus (o, más recientemente, Paul R. Ehrlich) pudo equivocarse tanto en las causas como en los espacios y los plazos, pero difícilmente en el pronóstico general, de manera que no es exacto decir que la "ley de Malthus (...) no se llegó a producir nunca". A escala global, es decir, desde un punto de vista sistémico, multivariable, gradualista, largoplacista, biocentrista y no eurocéntrico, las tesis malthusianas más o menos ya se han cumplido (tanto en la Edad Media y en la Edad Moderna como en la Edad Contemporánea, ¿o acaso los más de 80 millones de muertes provocadas en última instancia por la Primera y la Segunda Guerra Mundial y "el ascenso de los gobiernos totalitarios" no deberían intepretarse "como otra consecuencia de la entropía" de un sistema global institucionalmente sobrecargado y no tanto como "incomprensibles y peregrinas maquinaciones diplomáticas", tal y como sugiere Kunstler, habida cuenta de que "el terror de Stalin y el holocausto de Hitler fueron procedimientos gubernamentales para aniquilar humanos" y que en general "la II Guerra Mundial fue de igual manera otra fórmula industrializada y organizada para diezmar distintas sociedades", o como defiende Amery, otra manera "de darle respuesta" a "la cuestión de las condiciones que requiere la continuidad de nuestra especie en un planeta limitado (...) a través de un programa asesino"?), siguen cumpliéndose (en la extinción antropogénica de otras especies y en el Sur: Haití, África subsahariana, Franja de Gaza, Yemen, Corea del Norte, etc.) y seguirán cumpliéndose (tanto en el Sur como tarde o temprano en el Norte, cuando la entropía retardada y externalizada durante las últimas décadas nos alcance), aunque tampoco es que hiciera falta ser Nostradamus para llegar a la conclusión de que, bajo determinadas condiciones políticas y socioecológicas, las poblaciones tienden a sobrepasar su capacidad social de producción y distribución de suministros, también conocida como capacidad de carga. Supongo que al clérigo inglés le bastó con conocer la historia. En concreto, los dos precedentes relativamente recientes, la crisis europea del siglo XIV y, trescientos años después y por motivos no muy diferentes, la crisis mundial del siglo XVII. E insisto, no se trata solamente ni principalmente de límites técnicos, energéticos o ecológicos, pues el hecho de que millones de niños y no tan niños mueran todos los años por desnutrición crónica no se debe a que nuestro sistema capitalista global y nuestros entornos no sean capaces hoy por hoy de producir comida suficiente (¿acaso la República Centroafricana o Mozambique no tienen suelos fértiles para alimentar no solo a su población sino, si quisieran, a otras poblaciones?), sino porque no es capaz (no somos capaces colectivamente) de reorganizarse y redistribuirla. Por lo tanto, nos enfrentamos también y sobre todo a límites políticos o estructurales, casi tan deterministas y tan difíciles de evitar como los límites naturales propiamente dichos. Y lo que es peor, en un futuro no muy lejano tendremos que seguir haciendo frente no solo a esos límites sino también, esta vez sí, a auténticos e inapelables límites energéticos y materiales. Estoy pensando por ejemplo en Egipto y Arabia Saudí.

Desconozco cuál podrá ser el porcentaje de la población que sobreviva, pero es probable que su descenso se prolongue durante mucho más tiempo de lo que lo hizo la peste negra cuando asoló Europa en el siglo XIV, ya que bajo el régimen del crudo barato, la capacidad de la tierra para albergar la vida se excedió sustancialmente (...). Algunos territorios, como los desiertos de Arabia y del oeste de Norteamérica, sólo podrán albergar un número reducido de personas sin los beneficios de los combustibles fósiles (...), y dada la contribución humana al calentamiento global, el cambio climático bien podría ser mucho más pronunciado y duradero que el paréntesis de 1300, o incluso que la pequeña edad de hielo de los siglos XVII y XVIII.
James Howard Kunstler, 2005


Según dijo Guillermo Solana en un libro de Josué de Castro, en los años sesenta del siglo XX había casi 2000 millones de personas desnutridas en el mundo, “un 70 por ciento de la población mundial” en aquel entonces, aunque en los noventa la cifra descendió rápidamente a los 1000 millones, situación que ha seguido mejorando en los últimos veinte años hasta situarse por debajo de los 800 (algo más del 10% de la población mundial). No obstante y pese a que el optimismo está justificado respecto al último medio siglo, si alejamos el zoom podemos percibir que de todos los siglos que ha conocido nuestra especie, y la lista es muy larga, son precisamente el nuestro y el anterior al nuestro los que han visto el mayor número absoluto de desnutridos sobre la tierra, tal vez solo superados por el siglo que viene. Blanco y en botella.




Por cierto, a los que gustan de llamar extremistas a los revolucionarios y demás críticos del Sistema tal vez habría que decirles, con Eagleton, que lo contrario parece más cierto: "Solo un extremista puede suscribir un sistema capitalista global". De hecho, "lo que está fuera de control", lo que es verdaderamente subversivo en términos históricos de largo alcance, "es justamente el capitalismo", mientras que el socialismo solo intenta "pararle los pies" y recordarnos "nuestra humilde condición elemental de seres laboriosos, sociales y limitados materialmente". Al parecer las cosas andan "tan rematadamente mal" que "incluso una proposición tan modesta como que todo el mundo en el planeta tenga agua y comida suficientes, parece una provocación. Es imaginable plantear un movimiento revolucionario a partir de ideales utópicos descabellados, pero alterar la vida de la gente de forma tan espectacular, pretendiendo únicamente que el suministro de verdura fresca esté garantizado, resulta extrañamente ridículo. Solo un extremista se opondría a algo así".

La obra de Malthus se ha venido malinterpretando. A él se atribuye la idea de que la humanidad se condenará una vez alcanzado un determinado punto más o menos arbitrario; el adjetivo peyorativo malthusiano se aplica a cualquier cosa que sugiera que el ingenio humano se ve impotente a la hora de encontrar acomodo para más congéneres en esa nave intergaláctica denominada Tierra. (...) A mi juicio, Malthus tenía razón, indudablemente, sólo que el petróleo a bajo coste ha distorsionado los datos de la ecuación durante el último siglo; de alguna manera se ha estado ignorando que la raza humana se ha beneficiado hasta la fecha de una orgía de energía no renovable acumulada a lo largo de eones de prehistoria. La revolución verde debe menos a las innovaciones científicas en biotecnología que al uso masivo de fertilizantes y pesticidas obtenidos a partir de combustibles fósiles o al empleo a escala mastodóntica de sistemas de riego tan sólo viables gracias a la abundancia de petróleo y gasolina. La era de las fuentes energéticas a bajo coste creó una burbuja artificial de opulencia durante un período no muy superior a una vida humana, unos cien años. Dentro de ese confortable oasis tomó forma la idea de que sólo los cascarrabias, aguafiestas y maníacos impíos consideraban el crecimiento desmedido de la población como un problema, y que el mero hecho de plantear la cuestión ya era, de por sí, una indecencia. Yo, por el contrario, me atrevo a afirmar que cuando el petróleo deje de ser barato y las reservas mundiales tiendan a reducirse notablemente nos encontraremos repentinamente con un superávit de población (...) que el sistema ecológico mundial se verá incapaz de mantener. Ningún programa político de control de la natalidad servirá para mucho, dado que los individuos ya habrán nacido. El trayecto de retorno hacia la homeostasis de una población post-petróleo no será un viaje de recreo. Descubriremos por las malas que el crecimiento masivo fue un efecto secundario de la edad del oro negro. 

James Howard Kunstler, 2005
La gran emergencia: el colapso de la sociedad occidental
puede estar a la vuelta de la esquina
Barrabés Editorial, Benasque 
2007, págs. 24-26, 245 y 280-282.


Suena convincente, ¿no? Algo burgués y etnocéntrico tal vez (¿"la raza humana", toda por igual, "se ha beneficiado hasta la fecha de una orgía de energía"?), pero convincente al fin y al cabo. ¿Y qué decir de su novela distópica? Interesante, cuando menos. Tal vez algo siniestra la presentación, pero interesante a pesar de todo ;)

4 comentarios:

Camino a Gaia dijo...

De acuerdo en una cosa: es una cuestión de redistribución. Pero creo que hay un elemento que se suele pasar por alto o al menos no darle la importancia que debería tener: los anticonceptivos, la capacidad para realizar una planificación familiar y hacerlo de forma no traumática incluso placentera.

Hugo dijo...

Benditos anticonceptivos ;)

Me alegra leerte, Camino!

PD. El problema con la redistribución (o, más radicalmente, con la abolición de la propiedad privada de los medios de producción como la tierra, condicición necesaria para una redistribución efectiva) es que al ser un tema político tendemos a considerar que es solo cuestión de voluntad, mientras que el problema del peak oil es cuestión de hechos, de aceptarlo. Sin embargo, en el fondo no hay tanta diferencia (aunque la hay, sin duda). Abolir el capitalismo (aparentemente solo una decisión moral o de libertad personal al alcance de cualquiera) es casi como querer detener el calentamiento global. Noble y deseable, pero en gran medida inapelable a gran escala. Como dice Eaglelton, "los materialistas (…) son conscientes de cuán estrecho es en realidad nuestro margen de maniobra. Si los cambios dependieran simplemente de la voluntad, puede que nunca sucedieran. La voluntad es, después de todo, un producto histórico en la misma medida en que lo es aquello que trata de transformar. Los cambios llevan el aliento de su propia necesidad y por eso suceden. Incluso la búsqueda de la libertad es una especie de fatalidad, como los antiguos dirigentes de los imperios tuvieron que admitir hace tiempo".

Camino a Gaia dijo...

Hablar de materialismo cuando la Física todavía anda perdida con el gusano de la manzana de Newton me resulta un poco extraño. Que si materia oscura, que si energía oscura, que si la partícula de Dios... Ni siquiera el tiempo ni el determinismo han salido indemnes de la Física del siglo XX. La fatalidad, sin embargo, no está en la termodinámica, que ha salido no solo airosa sino también reforzada. Ya estaba ahí antes de que surgiera la vida y le ha dado soporte durante miles de millones de años. Es este antropocentrismo, impregnado todavía de testosterona divina, de ignorancia de género, de adicción al dominio, que todavía nos impulsa a creer que la ignorancia armada hace la inteligencia, el que nos lleva a la debacle. Antes muertos que sencillos.
El problema de la Libertad como el de todas las grandes palabras es que le negamos el plural y la posibilidad de aclararse aumentando vocabulario. Si hablamos de libertades en vez de Libertad la tarea se hace mas sencilla, incluso objetivable. Quizá porque como tantas cosas la libertad siempre ha estado muy mal repartida, porque si no añadimos el contrapeso de la responsabilidad la cosa acaba mal. Y no solo la responsabilidad antropocéntrica para con el vecino, sino también la responsabilidad para con todo el soporte vital que nos rodea. Las libertades siempre son consecuencia de las interacciones y víctimas de la dominación.

Hugo dijo...

Mejor dicho imposible. Un abrazo, Camino!