30 de enero de 2016

La violación como producto de la selección natural

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Las encuestas indican que un número de hombres estadounidenses notablemente mayor que de mujeres considera que la víctima comparte la culpa de la violación. Los norteamericanos no son los únicos. Los hombres de India y otras culturas también consideran que las víctimas femeninas contribuyen a su propia violación. (...) Así como muchos hombres comparten esta lógica, las mujeres se ven obligadas a vivir con ella. Los datos de una encuesta señalan que el 41 por ciento de las mujeres que viven en ciudades admiten que, para evitar ser violadas, nunca salen solas de noche. (...) Otro mito muy extendido es el de la víctima predispuesta. Varios estudios indican que también es mayor el número de hombres que de mujeres que cree que por lo menos algunas mujeres (cuando no todas) desean ser violadas, a pesar de la resistencia que puedan ofrecer durante la agresión. Mucha gente considera que una de las fantasías de las mujeres es practicar el sexo a la fuerza. (...) Mientras la mayoría de las mujeres detesta la violación, a la mayoría de los hombres les produce cierta excitación, hasta el punto de que los psicólogos Alfred Heilbrun y David Seif se preguntaron si las mujeres sometidas a presiones excitan a los hombres más incluso que las mujeres dispuestas a mantener contacto sexual con ellos. Para obtener una respuesta, mostraron fotografías muy explícitas a 54 varones adultos y quedaron enormemente sorprendidos al detectar en muchos de ellos un «efecto de sadismo global» que definieron como «una atracción sexual muy pronunciada hacia las mujeres sometidas a emociones angustiosas». 
(...) Supongamos que pertenecemos a un equipo de biólogos extraterrestres cuya misión es comprender el comportamiento violento de los seres humanos. No tenemos prejuicios. Sabemos que la selección natural actúa de la misma manera en cualquier planeta del universo sobre el que exista vida y no tenemos ninguna duda de que el comportamiento humano ha surgido de los mismos procesos de la selección natural que ha producido las piernas, los brazos y el cerebro de los seres humanos. Además, como la violación está tan extendida y presente en todo el planeta, tanto por machos humanos como no humanos, claramente se trata de una adaptación biológica del macho. Pero ¿cómo puede haber llegado la violación a ser una adaptación?
En primer lugar, la violación es universal. En todas las sociedades, los hombres violan, ya sea en la jungla de cemento de Nueva York o en las selvas reales de Irian Jaya en Papúa Occidental. (...) La «condición» que lleva a la violación es la incapacidad de un macho de alcanzar la consideración o los recursos necesarios para atraer a una hembra. Dos hechos avalan esta hipótesis. Primero, los hombres violan casi exclusivamente a las mujeres que son más fértiles y deseables como esposas. Segundo, la mayoría de los violadores han fracasado en el ámbito socioeconómico o, por lo menos, no han triunfado todavía, y tienen una capacidad reducida de atraer a mujeres deseables mediante el cortejo habitual.
(...) Una fuente de violación es el hecho de que (...) los hombres discriminan menos y se excitan sexualmente con más facilidad que las mujeres. Éstas tienen tendencia a seleccionar a sus parejas sexuales con mayor cuidado, ya que una mala elección de la pareja tiene un mayor coste de cara a la reproducción en las mujeres que en los hombres. El resultado inevitable es un mundo en el que a la mayoría de las mujeres no les interesan algunos hombres que se interesan sexualmente por ellas. (...) Estos comportamientos de los hombres están tan profundamente arraigados en nuestro pasado que tuvo que producirse algún tipo de «selección directa de la violación por parte de los hombres», de forma que permitiese «la erección de su pene, la copulación y la eyaculación con una mujer que no consintiese o no mostrara entusiasmo para mantener relaciones sexuales (...) y lo que no ha evolucionado en los hombres es la excitación sexual provocada sólo por mujeres sexualmente receptivas». 
Resulta espeluznante el interés de los hombres por las mujeres no dispuestas a tener relaciones sexuales. Los Thornhill reconsideraron los experimentos, como los de Heilbrun y Seif mencionados con anterioridad, consistentes en mostrar a hombres jóvenes escenas de sexo consentido y de violaciones. Todos los jóvenes se excitaron sexualmente con las escenas de sexo consentido y muchos de ellos, aunque no todos, con las de violaciones. Pero todos los que no se excitaron con estas últimas escenas se excitaron, en cambio, después de beber alcohol o de creer que habían bebido alcohol, después de escuchar a una mujer, y no a un hombre, narrar la escena de la violación o después de que se les dijera que resulta normal excitarse durante una escena de violación. 
¿Se puede concluir de todo esto que los hombres son unos seres depravados, que los primates macho tienen tendencia a la violación, o ambas cosas? La antropóloga física Barbara Smuts explica que los chimpancés macho coaccionan con frecuencia a las hembras para que se apareen con ellos. (...) La conclusión de Smuts es que el apareamiento entre simios y otros primates suele producirse en un ambiente de coacción sexual asociado a la violencia. Incluso cuando una hembra chimpancé en celo «se va de safari», de forma en apariencia voluntaria con un macho dominante, ese comportamiento puede ser perfectamente la respuesta a ataques previos lanzados por ese macho. En pocas palabras, los hombres no han inventado la violación. Lo más probable es que hayan heredado ese comportamiento de nuestros lejanos antepasados, los simios. La violación es una estrategia reproductiva estándar que posiblemente se haya desarrollado durante millones de años. Los hombres, los chimpancés y los orangutanes macho violan hembras de forma rutinaria. Los gorilas salvajes utilizan la fuerza para secuestrar hembras con las que aparearse. Los gorilas en cautividad también violan hembras a menudo. 
(...) También la violación muestra que la psique de los hombres y las mujeres son muy distintas, pero nos dice mucho más. En opinión de los Thornhill, los hombres «se adaptan psicológicamente a la violación», para robar actos sexuales a las mujeres que no desean hacerlos y aumentar sus posibilidades de tener descendencia. (...) Los hechos indican que la violación es un producto natural más de la selección sexual de los machos, una adaptación o un «instrumento» adicional utilizado por muchos hombres para ayudarles a «ganar» la competición reproductiva de la selección natural. 

Michael P. Ghiglieri, 1999
El lado oscuro del hombre:
los orígenes de la violencia masculina,
Tusquets Editores, 2005, págs. 118-141.