31 de enero de 2016

Ortega y Gasset como precursor

Mi risa no es la risa de aquellos poetas deshumanizados de nuestros últimos días de paz, que decían: «la poesía no es más que juego de manos y chanza de juglar; el dolor y la tragedia no existen». No. Estos poetas eran merolicos y charlatanes de barraca, que ya han enmudecido; pero para que se callasen, ha tenido que verterse mucha sangre española.
León Felipe, 1939
Español del éxodo y del llanto


Al hilo de "Nietzsche como precursor" digo ahora lo siguiente: quien no vea en Ortega y Gasset –y en mayor o menor medida en otros autores de las generaciones del 98 (Ganivet, Unamuno, Maeztu, Pío Baroja, Azorín), del 14 (Marañón, Eugeni d’Ors, el propio Ortega) e incluso del 27 (Gerardo Diego), al menos en un primer momento de “deshumanización del arte” durante los años veinte (“antes, mi poesía estaba al servicio de unos pocos, hoy no”, reconocerá Alberti en vísperas de la Guerra Civil)- los mimbres intelectuales o cuando menos un allanamiento del camino, un ponérselo fácil, al fascismo español o es un loco o es un liberal: 



El poder creador de naciones es un quid divinum, un genio o talento tan peculiar como la poesía, la música y la invención religiosa. (…) Es un saber querer y un saber mandar. Ahora bien: mandar no es simplemente convencer ni simplemente obligar, sino una exquisita mixtura de ambas cosas. (…) Yo siento mucho no coincidir con el pacifismo contemporáneo en su antipatía hacia la fuerza; (…) si la excluimos del porvenir sólo podremos imaginar una humanidad caótica. (…) Las naciones se forman y viven de tener un programa para mañana. En cuanto a la fuerza, no es difícil determinar su misión. Por muy profunda que sea la necesidad histórica de la unión entre dos pueblos, se oponen a ella intereses particulares, caprichos, vilezas, pasiones y, más que todo esto, prejuicios colectivos instalados en la superficie del alma popular que va a aparecer como sometida. Vano fuera el intento de vencer tales rémoras con la persuasión que emana de los razonamientos. Contra ellas sólo es eficaz el poder de la fuerza, la gran cirugía histórica. (…) El buen Heriberto Spencer, expresión tan vulgar como sincera de su nación y de su época, opuso al «espíritu guerrero» el «espíritu industrial», y afirmó que era éste un absoluto progreso en comparación con aquél. (…) Nada es (…) más remoto a la verdad. La ética industrial (…) es moral y vitalmente inferior a la ética del guerrero. Gobierna a la industria el principio de utilidad, en tanto que los ejércitos nacen del entusiasmo. (…) Dirige el espíritu industrial un cauteloso afán de evitar el riesgo, mientras el guerrero brota de un genial apetito de peligro. (…) Lo importante es que el pueblo advierta que el grado de perfección de su ejército mide con pasmosa exactitud los quilates de la moralidad y vitalidad nacionales. Raza que no se siente ante sí misma deshonrada por la incompetencia y desmoralización de su organismo guerrero, es que se halla profundamente enferma e incapaz de agarrarse al planeta. (…) Un ejército no puede existir cuando se elimina de su horizonte la posibilidad de una guerra. (...) En las horas de historia ascendente, de apasionada instauración nacional, las masas se sienten masas, colectividad anónima que, amando su propia unidad, la simboliza y concreta en ciertas personas elegidas, sobre las cuales decanta el tesoro de su entusiasmo vital. (…). En las horas decadentes, cuando una nación se desmorona, víctima del particularismo, las masas no quieren ser masas, cada miembro de ellas se cree personalidad directora, y, revolviéndose contra todo el que sobresale, descarga sobre él su odio, su necedad y su envidia. (...). Así, cuando en una nación la masa se niega a ser masa -esto es, a seguir a la minoría directora-, la nación se deshace, la sociedad se desmembra, y sobreviene el caos social, la invertebración histórica. Un caso extremo de esta invertebración histórica estamos ahora viviendo en España. (…). En suma: donde no hay una minoría que actúe sobre una masa colectiva, y una masa que sabe aceptar el influjo de una minoría, no hay sociedad, o se está muy cerca de que no la haya. (…). Dondequiera asistimos al deprimente espectáculo de que los peores, que son los más, se revuelven frenéticamente contra los mejores.

José Ortega y Gasset, 1922
España invertebrada,
págs. 32-37, 56 y 73-76.

4 comentarios:

Camino a Gaia dijo...

"El ejército no puede existir si se elimina del horizonte la posibilidad de una guerra" En algo estamos de acuerdo

Hugo dijo...

Je... :o)

El Pareja dijo...

Estimado:

Podría interesarle http://el-pareja.blogspot.com/2016/03/155-rey-desnudo-ortega-gasset-rebelion-masas.html donde expreso mi opinión de que Ortega tenía más simpatía por el autoritarismo que por el liberalismo. Hay otros 16 posts en mi blog sobre Ortega y su Rebelión de las masas.

Saludos.

Hugo dijo...

Muchas gracias, Pareja. Y buen trabajo :o)