28 de junio de 2016

Sobre la predicción de hace dos años


Hoy por hoy (...) sigo pensando que el PP ganará no solo las generales de 2015 sino puede que también las de 2019, lo que arrojaría un resultado de tres victorias consecutivas hasta 2023 -quemándose por el camino, eso sí-, momento en el cual sería más factible una victoria de Podemos o de un PSOE «regenerado» con un discurso más escorado a la izquierda (...). 


A pesar de la corrupción y de un invierno mediático favorable a Podemos, la inercia psicohistórica de la victoria electoral del Partido Popular en 2011 sigue viva aunque desgastada cuatro años después, lo que, junto a una leve y efímera pero pregonada mejora de las cifras macroeconómicas, sugiere que los populares seguirán en el poder al menos cuatro años más (popular y poder, he ahí un bonito oxímoron). 



Aunque en aquella predicción no tuve en cuenta la importancia que iban a tener los pactos postelectorales, así como tampoco la posibilidad de un gobierno en coalición, la realidad parece no obstante haber demostrado que el PP sigue siendo, con diferencia, el partido más votado. Quienes auguraban una victoria electoral o cuando menos un gran avance de Podemos (Unidos Podemos, en estas nuevas elecciones) se basaban o bien en la esperanza (voluntarismo) o bien en el miedo (anticomunismo). 

2 comentarios:

Loam dijo...

Hola Hugo.
Hay un desfase (digámoslo así) entre la realidad social y el discurrir político institucional. Es sorprendente que, siendo esta es una sociedad piramidalmente estructurada, tanto la derecha como la izquierda pujen por conquistar ese espacio que han dado en llamar "centro". Como si dicho espacio poseyera unas propiedades que lo hacen especialmente atractivo y atrayente. Y realmente, en cierto sentido, lo es. Es el ancho espacio que media entre la cúspide y la base de la pirámide social, el espacio propio de la clase media (y tal vez la franja social más mediatizada y la que propicia ese trasto denominado "estado del bienestar"). Cuando este espacio, tan disputado electoralmente, se derrama hacia la base (se proletariza) en tanto que la cúspide se estrecha y se eleva, la lógica nos dice que los discursos emanados de ambas han de ser por fuerza y necesidad extremistas. Y es precisamente en este punto donde yo percibo ese desfase que he aludido al comienzo, entre la realidad social y el discurso político-electoral: todos abominan de los extremismos, como si el extremismo, en cuanto a expresión política de una realidad evidente, fuera malo per se.

Bueno, aquí lo dejo, que me enrollo demasiado.

Un saludo, Hugo Dylan. :-)

Hugo dijo...

Buen análisis. Lo comparto :o)

Creo que el desfase se mantendrá por un tiempo todavía, tal vez alguna década más, mientras el consumo de recursos energéticos no disminuya mucho y mientras una parte importante de la gente pueda seguir "disfrutando" de cierta (in)estabilidad laboral e ilusión de control (¡yo ahora estoy cuidando perros por 8 euros/día!). Mientras tanto, el "centro" político (PP, Ciudadanos, PSOE, Unidos Podemos... diferencias aparte), es decir, el conservadurismo político, seguirá atrayendo a una mayoría. Pero llegará el momento en el que los "extremismos" y las polarizaciones empiecen a coger impulso. En el norte ya estamos viendo, todavía en sus comienzos, el auge de extremismos de corte reaccionario y xenófobo. Es de esperar que tarde o temprano esta situación de creciente desigualdad de poder genere también, por reacción, un extremismo de tipo comunista así como otro de tipo anarquista, seguido de una mayor concienciación y lucha de clases (oprimida, privilegiada, intermedia, etc.). Algo así expresé en "La República como oportunidad".

Y no, en efecto, el extremismo no es malo en sí mismo. Lo malo no es estar en un extremo, sino estar en el extremo equivocado. Lo malo no es ir a la raíz del problema, sino ir a la raíz equivocada del problema. O como el texto de hace poco en tu blog: hay un cierto Brexit legítimo moralmente (internacionalista y opuesto al Poder) y otro Brexit ilegítimo o reaccionario (nacionalista y opuesto a lo extranjero). Otro tanto cabría decir del independentismo catalán.

Un abrazo!