11 de julio de 2016

Los papeles de la locura

El último Nietzsche público: único hasta el final


A Meta von Salis en Marschlins, desde Turín, 3 de enero de 1889:

Señorita von Salis.
El mundo se ha transfigurado, pues Dios está sobre la tierra. ¿No ve usted cómo se alegran todos los cielos? Acabo de tomar posesión de mi imperio, pondré al papa en prisión y haré fusilar a Guillermo, Bismarck y Stöcker.
El Crucificado. 


A Cosima Wagner en Bayreuth, desde Turín, 3 de enero de 1889:

A la princesa Ariadna, mi amada.
Es un prejuicio que yo sea un ser humano. Pero ya he vivido a menudo entre los humanos y conozco todo lo que los humanos pueden vivir, desde lo más bajo hasta lo más elevado. Yo he sido entre indios Buddha, en Grecia Dioniso, Alejandro y César son mis encarnaciones, al igual que el poeta de Shakespeare, Lord Bacon. Por último he sido incluso Voltaire y Napoleón, quizá hasta Richard Wagner… Pero esta vez vengo como el victorioso Dioniso que convertirá la tierra en un día de fiesta (…). 

Vermal, Juan Luis. 2011. Correspondencia VI: octubre 1887 – enero 1889. Friedrich Nietzsche, Editorial Trotta, Madrid.

2 comentarios:

Camino a Gaia dijo...

A veces la locura individual solo es sensatez condenada por una locura mas grande y común.

Un saludo

Hugo dijo...

A veces sí. En muchos casos, de hecho. Pero en el caso de Nietzsche... Sin duda hay lucidez en él, pero también oscuridad. En un ensayo que tengo entre manos y que va para largo me centro en lo segundo. A riesgo de ser injusto con su obra, me atrevería a decir que lo bueno que tiene (crítica de la religión) se puede encontrar en otros autores anteriores a él (Feuerbach, Marx), mientras que lo malo es demasiado malo como para ser compensado (relativismo, protofascismo). O dicho de otra manera, lo que le hace más original, donde destaca más, por lo que ganó más notoriedad, es debido precisamente a su lado más oscuro.

Un abrazo, caminante.