30 de septiembre de 2016

Educados para ser violentos

En gran medida educamos a nuestros niños en la violencia contra los seres humanos, contra la naturaleza. Quemamos los bosques, contaminamos el aire, esquilmamos el mar, somos testigos indiferentes de masacres lejanas, criticamos otras ideas, otras maneras de sentir. Esto puede llegar a insensibilizarnos. El que haya niños violentos es un mal que está en la sociedad. Y ésta les teme, los rechaza y los condena. Existe una profunda hipocresía. Los planteamientos socioeconómicos y educativos son fomentadores de comportamientos desviados y de carreras disociales y delincuenciales. Posteriormente, se exige que se les encierre en prisiones (…). Pese a las múltiples evidencias, siempre habrá quien, para ahuyentar miedos subconscientes o para hacerse de oro encontrando la «piedra filosofal», -es decir, la piedra angular de la ciencia-, verá en el criminal una maldad ontológica grabada a fuego en el alma o, en su versión moderna, en el código genético. 
Javier Urra, “Agresividad y violencia”, 
en La psicología que nos ayuda a vivir, 2007.