23 de septiembre de 2016

La religión de la solidaridad

Cuando no haya ni rico ni pobre, cuando el famélico ya no tenga que mirar envidiosamente al saciado de comida, la amistad natural podrá renacer entre los hombres, y la religión de la solidaridad, hoy asfixiada, tomará el lugar de esta religión vaga que dibuja imágenes huidizas sobre los vapores del cielo. La revolución cumplirá más que lo prometido; ella renovará las fuentes de la vida limpiándonos del contacto impuro de todas las policías y nos librará finalmente de las viles preocupaciones por el dinero que envenenan nuestra existencia. Será entonces que cada uno podrá seguir libremente su camino: el trabajador cumplirá la tarea que le convenga; el investigador estudiará sin prejuicios; el artista no prostituirá más su ideal de belleza por su sustento y en adelante, todos amigos, podremos realizar concertadamente las grandes cosas entrevistas por los poetas. 
Élisée Reclus, 1892
(prólogo a La conquista del pan de Piotr Kropotkin)
LaMalatesta Editorial, Madrid.

2 comentarios:

Camino a Gaia dijo...

Necesitamos dos premisas, debemos obtener recursos para satisfacer a todos y debemos obtener justicia para que la pobreza deje de ser causada por la distribución.
Obtener recursos para todos, los que viven y los que han de ocupar nuestro lugar, implica encontrar nuestro lugar en el planeta.

Un saludo

Hugo dijo...

Difícil es, pero intentarlo debemos ;o)

Un abrazo.