14 de noviembre de 2016

Hacerse escritor

El escritor que evita asistir a los talleres de literatura (o cualquier otra actividad que congregue a escritores) probablemente añade dificultades a su tarea. Es fácil dejarse engañar por la leyenda de, pongamos, Jack London e imaginarse que la mejor manera de hacerse escritor es siendo marino o leñador. Jack London vivió en una época en que los escritores eran héroes populares, cosa que no son ahora, y en que la técnica no era tan importante como lo es actualmente. Y si bien no hay duda de que fue un hombre noble y trágico, también es cierto que era más bien malo como escritor. Unos cuantos profesores le hubieran venido muy bien. Hemingway dijo en cierta ocasión que «la mejor manera de hacerse escritor es lanzarse al mundo y escribir». Pero resulta que su manera de hacerlo fue irse a París, donde vivían muchos de los grandes escritores, y estudiar con la teórica más importante de su época: Gertrude Stein. Joseph Conrad, a quien se suele tener por un gran solitario, trabajó en estrecha colaboración con Ford Maddox Ford, H. G. Wells, Henry James y Stephen Crane, entre otros. En el círculo de Melville estaba Hawthorne. Casi todos los grandes escritores han estado relacionados con alguna dinastía literaria.  
(…) 
Mucha gente –incluidos algunos profesores de Escritura Creativa- se pregunta si realmente se puede enseñar a escribir. Esto no ocurre con la pintura ni con la composición musical. La literatura ha ido siempre tan ligada al «genio» o a la «inspiración» que la gente suele dar por supuesto que este arte no se puede transmitir mediante los métodos que se han empleado con otras artes. Este parecer puede ser cierto en parte; quizá la habilidad de escribir ficción es menos específica y aprehensible que la de pintar o componer. Pero el que se dude que se pueda enseñar a escribir tiene también, creo yo, causas históricas, al menos en parte. Antiguamente, las escuelas de pintura y de música cumplían directamente funciones religiosas y políticas, cosa que no ocurría con la poesía o la ficción. Porque la Iglesia y la ciudad-estado de Florencia necesitaban el arte de Giotto, Giotto enseñaba sus métodos (…).