21 de enero de 2017

Oscar Wilde

Toda autoridad es degradante. Degrada a los que la ejercen, y degrada a aquellos sobre los cuales se ejerce. Cuando se emplea de un modo brutal, violento y cruel, todavía puede ejercer un efecto saludable, provocando, o fomentando cuando menos, el espíritu de rebeldía y de individualismo que más tarde acabará con ella. Pero cuando se emplea con cierta suavidad, y acompañándola con dádivas y recompensas, es terriblemente desmoralizadora. Pues la gente, entonces, se da menos cuenta de la tiranía ejercida, y continúa viviendo en una especie de bienestar grosero, como animales domésticos, sin comprender que están pensando con ideas ajenas, viviendo con arreglo a las pautas de otros (…) y no siendo ellos mismos ni un solo instante. (...) “Conócete a ti mismo” era la inscripción que aparecía sobre el dintel del mundo antiguo. En tanto que sobre el dintel del nuevo aparecerá escrito: “Sé tú mismo”. (...) Así, el individualismo no ejerce la menor presión sobre el hombre. Antes al contrario, enseña al hombre que no debe tolerar la menor presión. No se empeña en volver buena a la gente. Pues sabe de sobra que los hombres abandonados a su propia voluntad son siempre buenos. 
Oscar Wilde, 1891
El alma del hombre bajo el socialismo.

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