10 de enero de 2018

Pecar contra la jerarquía

Hegel dice:
Contra el abuso de poder por parte de las autoridades y sus funcionarios, Estado y súbditos se hallan protegidos, primero, por la organización jerárquica.

A lo que responde Marx:
Como si la jerarquía no fuese el principal abuso y como si los pecados personales que cometen a veces los funcionarios se pudiesen comparar con sus necesarios pecados jerárquicos. La jerarquía castiga al funcionario por pecar contra la jerarquía o cometer un pecado superfluo; pero le protege en cuanto es la jerarquía quien peca en él (…).
Los burócratas son los jesuitas y teólogos del Estado. La burocracia es la république prêtre. (…) El espíritu general de la burocracia es el secreto, el misterio guardado hacia dentro por la jerarquía, hacia fuera por la solidaridad del Cuerpo. Mostrar el espíritu del Estado, incluso la convicción cívica le parece así a la burocracia una traición a su misterio. La autoridad es, por tanto, el principio de su saber y la divinización de la autoridad su convicción. Sólo que en el seno de la burocracia el espiritualismo se convierte en craso materialismo, en el materialismo de la obediencia pasiva, de la fe en la autoridad, del mecanismo de una acción formal fija, de principios, opiniones y costumbres inmobles. En cuanto al burócrata particular, el fin del Estado se convierte en su fin privado, en la caza de puestos más altos, en hacer carrera.  

Marx, Karl. 1843. Crítica de la Filosofía del Estado de Hegel, Biblioteca Nueva, Madrid, 2002. 

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