Pequeña biografía

Hugo es autor de Los monos también curan desde 2008, un blog de referencia mundial si por mundo nos referimos al mundo de Kaito. Resucitador de perros por elección y filósofo caído por predestinación. Noblesse oblige y todas esas cosas que se dicen. Mal autodidacta y mejor persona. Anarquista de salón y profesor de habitación. Consejero de ministras imaginarias en los mundos de Yupi y una de las cien personas menos influyentes de 2016 según la revista Time. Teórico del macropesimismo y mesías invertido cuyo motor de existencia era ir diciendo a los suyos y a los que no son suyos que el Progreso con mayúsculas es más mito que verdad y que se avecinan tiempos demasiado interesantes, razón por la cual trabajó durante 2012-2014 en el borrador de un ensayo titulado humildemente (¡ejem!) con el nombre de Ave, Progressus, los que van a morir te saludan. Agotado por lo ambicioso del proyecto y dudando de su omnisciencia divina, hoy por hoy trabaja en otros libros más livianos. Con ello pretende ganarse la vida si no honradamente al menos sí educadamente. "De llegar vivo al 2020, pienso montar mi propia editorial de libros hechos a mano", ha confesado bajo hipnoterapia en más de una ocasión. "De llegar muerto, mejor no".


Algunos de los borradores en los que trabajó, trabaja o piensa trabajar son:

Por qué escribo2012 / 14 págs.
Manuscritos políticos, 2014-2016 / 68 págs.
2016 / 74 págs.
Historia del arte para feministas, 2017 / 205 págs. 
Lloro, luego existo. Antología de poesía crítica.
Así anduvo Zaratustra. Guía de viaje para nietzscheanos.
Música para cambiar el mundo.
Apuntes de filosofía positiva.
El filósofo en la butaca.
Focos de resiliencia.






Especialista en no especializarse, cuando le dijeron que escogiera una profesión fue y escogió justo la que no quedaba -al parecer se tomó muy en serio aquello que decía León Felipe de que "no sabiendo los oficios los haremos con respeto"-. Como Superman pero al revés, vino a parar a la Tierra por error. En realidad sus padres querían incinerarlo en el Sol, pero la mala fortuna quiso que se desviara de su trayectoria. Ya en su nuevo hogar le pusieron el nombre germano de Hugo porque parecía un chaval perspicaz, o por mera eufonía, o como cuando a un perro se le pone un nombre corto creyendo que uno largo no lo entendería, pero pronto descubrieron que solo mareaba las palabras para no tener que «trabajar».